Vivir anticoagulado no es el final
Rafael
72 años
Me llamo Rafael Martínez, tengo 74 años y nací en Córdoba. El 21 de enero de 2001 sufrí un infarto de miocardio. Actualmente, tengo insuficiencia cardiaca y fibrilación auricular.
Cuando me dio el infarto estuve un mes ingresado en un hospital. Más tarde, en el año 2005, me detectaron fibrilación auricular durante un reconocimiento médico y es ahí donde cambia mi vida totalmente. Empecé a vivir anticoagulado.
Decidí buscar personas que, como yo, se encontraban en la misma situación y encontré a la Asociación Cordobesa de Anticoagulados, ACPA. Me uno a ella en noviembre de 2005, en 2006 me nombraron tesorero y al año siguiente me nombraron presidente.
Con el tratamiento anticoagulado, cambié mi forma de vida y a ser más responsable. El infarto me dio por la forma un tanto anacrónica que tenía de tomar la medicación. A partir de entonces empiezo a ser más consciente y responsable con la medicación. Tomo 13 pastillas diarias rigurosamente a la misma hora todos los días, con el fin de lograr una adherencia a los medicamentos.
Desde un principio adapté el tratamiento a mi persona
Desde un principio adapté el tratamiento a mi persona. La adherencia debe ser al 100%. Al final debe ser una unión por una mejor calidad de vida. Yo sigo siendo el mismo, pero he cambiado un poco mi forma de vida y, sobre todo, tomo la medicación siempre a la misma hora y, al ser posible, separada de cualquier otro fármaco que debas tomar.
Ya no fumo, ya no bebo… procuro tomarme una cerveza sin alcohol y, si bebo, que sea una copita de vino en la comida. Los 4 hijos que vivían conmigo también cambiaron sus hábitos, dejaron de fumar al ver lo que pasó y fueron adaptándose a las necesidades. Aunque no voy a correr una maratón, mis 9 nietos me hacen estar activo.
Con el Sintrom tuve que cuidar mi alimentación. De hecho, me adaptaron un tratamiento de 12 mg de Sintrom, según la producción de vitamina K del hígado; comía espinacas hervidas con un poquito de pimentón y un ajito frito una vez por semana, si dejaba de hacerlo, esa vitamina K me faltaría en el organismo. Adapté mi norma a la comida sin pasarme de la raya. Yo creo la dieta, se la enseño a mi médico y él me la acepta
Con el trabajo no tuve tanta suerte. Yo era capataz de obra civil y lo que hacía era caminar, controlar y dirigir la obra dentro de mis tereas. Cuando me dieron el alta tras el infarto, no me dejaron volver a trabajar en esa área y me jubilé con la pensión mínima.
Las personas que vivimos anticoaguladas tenemos que aprender a vivir con ello. No es el final. Es el principio de la prolongación de nuestra propia vida, solamente debemos cambiar algunas cositas que no son difíciles de adaptar. Se puede vivir igual que antes con ciertas limitaciones.
El primer año que empecé el tratamiento tuve una depresión y salí de ella poco a poco. Me levantaba y poquito a poco procuraba hacer lo que hacía todos los días. Con la ayuda de mi familia fui poco a poco cambiando mi vida.